Así lo revela un experimento realizado en ratones

Se ha considerado al estrés como causante de la ingesta de alcohol, y es que las situaciones estresantes pueden llevar al abuso de esta sustancia. Hasta ahora no se sabía exactamente en qué áreas del cerebro actúa el estrés antes de que la persona empiece a beber en exceso. Un estudio llevado a cabo por investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pensilvania acaba de demostrar en ratas cómo el estrés afecta el metabolismo de ciertos neurotransmisores y la relación que existe entre el estrés y el consumo excesivo de alcohol.

Para la investigación, los científicos encerraron a los ratones durante una hora en un recipiente para estresarlos. Luego evaluaron las consecuencias de esta experiencia a largo plazo y ofrecieron alcohol a los animales. Más tarde, observaron que los ratones estresados bebían más alcohol que sus congéneres relajados del grupo de control. Incluso pasadas tres semanas después de la situación estresante, seguían consumiendo entre un 7 y un 10 por ciento más de bebida alcohólica.

Al estudiar en detalle los procesos químicos que sucedían en el cerebro de las ratas, los investigadores descubrieron una interacción entre el estrés y el centro de recompensa, un mecanismo que responde a las gratificaciones naturales de supervivencia básica. Por lo general, el consumo de etanol favorece la liberación de dopamina, un neurotransmisor, que transmite información de una neurona a otra. Sin embargo, la liberación de dopamina había disminuido en los animales estresados, por lo que debían beber más cantidad de alcohol para poner en marcha su centro de recompensa.

Los científicos descubrieron que las neuronas que estimulaban la liberación de dopamina no estaban directamente influenciadas por las hormonas del estrés; al parecer, se alteraba previamente el metabolismo del GABA, el principal neurotransmisor inhibidor en el sistema nervioso central . De repente, este neurotransmisor activaba la transmisión de información entre las células en lugar de inhibirla. La disminución de la liberación de dopamina aumentaba la necesidad que sentían los ratones de beber más alcohol.

“Esta línea de investigación tiene implicaciones para las personas con trastorno de estrés postraumático, ya que presentan un mayor riesgo de abuso de alcohol y drogas”, afirma John Dani, autor principal del trabajo. El equipo prevé estudiar, junto con otros investigadores, compuestos que normalicen la actividad de las neuronas en el sistema de recompensa con el fin de ayudar a controlar el consumo excesivo de alcohol.

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