En el recreo de un pequeño colegio de Toledo se ven frutas, lácteos y bocadillos. El doctor del pueblo está detrás de la idea

Raúl Calvo, médico de un pueblo de tan solo 553 habitantes, ha puesto remedio a los malos hábitos alimenticios de los más pequeños en el Colegio Público Nuestra Señora del Rosario de Camarenilla, en Toledo. Para ello, ha implantado un calendario de almuerzos para que en el recreo se vean más frutas y bocadillos, y menos palmeras y donuts.

Por norma general, los niños prefieren bollería, golosinas, dulces… Y resulta complicado que lleven una dieta saludable. Para luchar contra todo esto y que los niños aprendan a comer correctamente, decidieron motivar a los niños a tomar fruta, ya que muchos son reacios y si ven que los demás la toman, acabarán haciendo lo mismo. “A lo mejor un día en vez de comer una manzana entera se toman un cuarto, pero ya empiezan a entrar en ese mundo”, explica Begoña de la Fuente, directora de la escuela.

Con esta nueva dinámica, los martes son el día del bocata, los miércoles el de la fruta, los jueves tocan lácteos y los viernes el almuerzo es libre. Llaman especialmente la atención los lunes, dedicados al dulce. Eso sí, se pide que no sea bollería industrial. “Es para que si en casa se hace un bizcocho, unas galletas o unas magdalenas, puedan llevarlo”, señala De la Fuente. Insiste en este matiz ‘caseros’, ya que explica que “no tienen nada que ver con la bollería que se comercializa en los supermercados, porque sería carísima”.

Calvo cree que el peso de la industria alimentaria y su presión sobre las familias “está desequilibrado”, provocando cambios drásticos en las costumbres a la hora de comer. “Intentan lavarle la cara a algunos productos que están adquiriendo mala fama con etiquetas como zero, light o bajo en grasas”, afirma. Además, el doctor asegura insiste en que “a los niños de vez en cuando hay que darles una alegría”.

“También es perjudicial que se regalen cromos o muñecos porque muchos padres compran los productos únicamente por ello”, señala. Da un truco que él mismo utiliza: “Cuando mis hijos me piden ir a un establecimiento de comida rápida, por ejemplo, lo que hago es explicarles que vamos a ir a comer a otro sitio más sano y que el juguete se lo compro yo después. Muchas veces con esto basta porque ellos lo que quieren es el regalo”.

Mediante juegos, consigue que los niños adquieran los conceptos. Con el que más se divierten consiste en vincular bolsas de plástico transparentes con distintas cantidades de azúcar en su interior con los productos a los que corresponden. Raúl insiste que “el más engañoso y con el que más se sorprenden son los refrescos azucarados. Jamás le ponen el sobrecito con más azúcar de todos”.

“Al final lo que buscamos es que ellos mismos no les pidan tanto azúcar a sus padres”, señala Calvo. “Estas medidas deberían imponerse en un marco legal a nivel nacional porque todo lo que pongas de educación en la escuela lo estás sembrando para el futuro”, concluye.

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